|
'El Cava y el método -Champenoise-
La culpa la tienen los
griegos y fenicios, un tal Louis Pasteur y la región de Champagne,
al este de Paris. Los dos pueblos comerciantes y marineros
llegaron al Empordà trayendo consigo pequeñas cepas que esparcieron
por la comarca. Seguramente, entre ellas estuvieran los embriones
de las actuales castas blancas chardonnay, moscatel, parellada,
xarel.lo, macabeo, airén o malvasía. Monsieur Pasteur, al
que nunca ponderaremos en su justa medida, profundizó en el
conocimiento de las levaduras gracias a sus estudios de microbiología.
'Enfin', en Champagne, esa fría región antesala del limes,
los fríos y enconadas guerras de religión, hicieron el milagro
de dar vida al vino muerto. Es obligado remontarnos en el
tiempo y ensalzar la obra de un monje benedictino francés,
ciego y ambicioso. Pretendía hacer el mejor vino de Francia,
el preferido de Luis XIV. Y lo consiguió, marcando un hito
en la historia enológica mundial, elaborando espumosos de
una sutilidad y sensualidad pecaminosas para un mortal, por
muy monje que fuera. Éste no fue otro que Dom Perignon. En
Catalunya tomaron buena nota de ese nuevo método, llamado
champenoise, e hicieron lo propio con uvas autóctonas. Así
nació en España la bebida reina de la sensualidad ibérica,
el cava. Hablamos de finales del siglo XVIII y comienzos del
XIX. Los españoles deben rendir pleitesía a Josep Raventós
i Fatjó, de la mítica casa Codorníu, quien en 1872 elaboró
el primer blanco de revoltosas burbujas carbónicas.
La exquisitez y exclusividad
del cava comienza desde que las uvas ven los interiores de
la bodega. Éstas son, en la actualidad, motivo de discordia
en el consejo regulador de una de las denominaciones más multiregionales
de la piel de toro. Si ya en su día, la inclusión de la uva
blanca chardonnay
como permitida para la elaboración de los vinos de mezcla
generó una enorme polémica (junto a las autóctonas castas
de parellada,
xarel.lo
y macabeo);
no menos tumulto ha causado la reciente inclusión de la pinot
noir como casta permitida en la elaboración de cavas rosados.
Tipicidad, frente a riqueza creativa y gustativa, esa es la
cuestión a dirimir. Sea como fuere, las uvas no conocen las
incomodidades del estrujado excesivo, ya que para obtener
su néctar se emplean prensas de platos móviles o prensas neumáticas.
Sólo se llevan a cabo tres prensadas, a raíz de las cuales
las uvas ceden sólo el 50% del preciado líquido que albergan
en su interior. Este exclusivo mosto se sulfita no en mayor
cantidad de 10 gramos por hectolitro y se le permite el descanso
durante un tiempo para provocar el desfangado estático. Sin
centrifugar. Sin que sufra. Ahora ya está preparado para realizar
la fermentación.

Este milagro o reacción
química, llámenlo como quieran (depende de su mayor o menor
agnosticismo), se lleva a cabo a baja temperatura -entre 12
y 18ºC- con objeto de que no se pierdan los más delicados
y sutiles aromas del vino, como ocurriría en una fermentación
tumultuosa a más elevada temperatura. En su largo caminar
el vino sufre, tras la fermentación alcohólica, tres trasiegos:
el primero una vez que el ácido láctico ha ocupado el lugar
que antes era del málico. El segundo se realiza antes de la
estabilización natural y, el último, tras la clarificación
del vino. Antes de esta última perturbación el enólogo pide
la palabra. Y se afina el paladar. Cata todos los vinos con
el fin de obtener una mezcla perfectamente uniforme, en la
que las particularidades de cada vino hayan desaparecido en
pos de un mejor resultado global. En el 'coupage' también
se incluye una parte -25 a 35% - de vinos de buenos años.
Esta mezcla es uno de los mayores secretos de los bodegueros.
Aquí el hombre desplaza a la máquina en busca de la excelencia.
La tecnología no toma parte....

El mosto fermentado de
calidad uniforme recibe el nombre de vino base. Éste debe
atender una serie de requisitos reglamentados para poder realizar
la fermentación en botella que le consagrará como un auténtico
cava: el grado alcohólico debe situarse entre los 9,5 y los
11,5º; una acidez total superior a los 3,5 gramos por litro
en tartárico; un extracto seco no reductor entre los 13 y
los 22 gramos por litro; una acidez volátil real inferior
a 0,6 gramos por litro; el nivel de dióxido de azufre no superior
a 140 miligramos litro; entre 0,7 y 2 g/l de cenizas; y un
pH no menor a 2,8 ni mayor de 3,3. En este estadio el vino
ya ha recorrido la mitad del camino. A partir de ahora se
adentra en la segunda etapa, en la que evoluciona hasta llegar
a convertirse en sensuales burbujas.
La
segunda fermentación que se lleva a cabo en la botella
es la responsable del milagro. Gracias a ella el vino cobra
vida y nos muestra un continuo movimiento de diminutas burbujas
en la copa. Antes de ser embotellado, el vino base vuelve
a pasar un proceso de selección en el que se analizan de nuevo
la acidez volátil, el sulfuroso y los azúcares reductores.
Sólo los más exclusivos serán cavas. A continuación se lleva
a cabo una serie de operaciones destinadas a preparar al vino
para su largo encierro en botella. A este conjunto de actividades
se le conoce con el nombre de 'tirage'. La primera de éstas
tiene por objetivo proveer de alimento a las levaduras para
su estancia en la botella. Esto es, se prepara un jarabe de
elevada concentración azucarada (llamado 'licor de tirage')
disolviendo en frío 500 gramos de azúcar en un buen vino añejo.
Esta solución descansa durante 6-8 días tras los cuales es
filtrada, obteniéndose un límpido jarabe azucarado. Una vez
que se ha elaborado 'la comida' es necesario desarrollar aquella
que dará buena cuenta de ella, la levadura anaeróbica (que
no necesita prácticamente oxígeno para desarrollar su importante
labor). Es este un punto fundamental en todo el proceso, ya
que de la levadura depende ahora todo el desarrollo final.

Debido a la particularidad
de realizar una fermentación en un vino ya fermentado previamente,
las levaduras deben cumplir una serie de requisitos como:
ser resistentes al alcohol y al sulfuroso, ser capaces de
agotar completamente el azúcar o tener la facultad de fermentar
a baja temperatura. Este último requerimiento es especialmente
importante por dos motivos: en primer lugar, porque una fermentación
a baja temperatura redunda en una mayor compenetración del
líquido y el anhídrido que se desprende, dando lugar a burbujas
más finas y elegantes (un mejor 'perlage'). El segundo es:
las mejores características organolépticas que adquiere el
vino resultante como consecuencia de una fermentación más
pausada. Aquí estamos ante otro de los grandes secretos de
los bodegueros: buenas levaduras, bajas temperaturas y lento
paso del tiempo. Finalmente se introducen en un envase los
distintos elementos: el vino base, el licor de 'tirage', las
levaduras activas y elementos coadyuvantes, como clarificantes,
etc. Antes del embotellado es de importancia capital oxigenar
bien la mezcla, para que las levaduras puedan desarrollar
su labor en el asfixiante entorno de la botella cerrada. ....
La botella empleada para
los vinos espumosos es, como no podía ser de otra manera,
especial. El carbónico que desprenden las levaduras en su
segunda fermentación aumenta la presión interior hasta llegar
a las 6 atmósferas, por lo que las paredes son más gruesas
para aguantar esa mayor presión. El tapón provisional empleado
durante la fermentación y la crianza es el llamado 'tapón
corona'. Éste realiza una doble función, por un lado preserva
el preciado espumoso del contacto con el oxígeno exterior
(que lo degradaría) y, por otro, actúa como depósito de las
lías -heces o levaduras muertas- que se generan. Los materiales
empleados para el tapón corona son el hierro estañado, el
aluminio o el acero inoxidable, siendo éste último especialmente
indicado para aquellos espumosos que permanecen durante largas
temporadas en cavas húmedas -7 u 8 años -.
Durante la fermentación
las botellas descansan de forma horizontal -en rima- aparentemente
dormidas. Pero eso es sólo la apariencia, ya que en su interior
está teniendo lugar una fuerte reacción química. El tiempo
de fermentación es variable, normalmente entre 1 y 3 meses.
Esta variación viene definida por la temperatura ambiental
en la que se produce la fermentación. Con temperaturas bajas
-entre 10 y 12ºC- el carbónico y el líquido se encuentran
estrechamente ligados, insinuando finas burbujas llenas de
glamour. En este caso, el tiempo de fermentación se prolonga
hasta los tres meses. Por el contrario, si el mercurio sube
-hasta los 20 ó 25ºC- la toma de espuma se hace en un mes
y el espumoso tiene un bouquet menos fino y un 'perlage' algo
más basto, perdiéndose parte de la suntuosidad de la bebida.
Una vez que las levaduras han secado por completo el vino,
éstas se quedan sin azúcar que metabolizar, con lo que les
sobreviene una parálisis vegetativa y posterior muerte.
En adelante, las botellas
permanecen en rima guardando reposo durante la crianza. Ésta
varía desde los 9 meses (periodo mínimo reglamentado para
los cavas) hasta varios años. Durante este periodo el cava
madura en cuatro campos: en primer lugar, la burbuja se integra
con el vino ganando en sutilidad de modo que se nota menos
en la boca y en el estómago. En segundo lugar el cava se suaviza
disminuyendo la sensación de acidez; la tercera mejora que
experimenta el vino es la obtención de un mayor cuerpo y,
por último, el cava gana en sabor y aromas, incorporando aromas
tostados y a maderas fruto del contacto del vino con sus lías
y la descomposición química que se produce gradualmente, también
llamada autólisis....
Una vez concluida la fermentación,
se lleva a cabo el 'coup de poignet', que consiste
en agitar fuertemente la botella con objeto de despegar los
posos de las paredes de la botella para que permanezcan en
suspensión. Estas lías, testigos mudos del proceso de transformación
que ha sufrido el vino, decantarán hacia el tapón, acumulándose
en éste, dejando el vino perfectamente puro. La operación
se repite cada seis meses mientras las botellas permanecen
en rima. Cuando salen de esta posición reciben el 'golpe de
puño' (para despegar definitivamente los posos) y son colocadas
en punta con el tapón inclinado hacia el suelo. En esta nueva
ubicación reciben -cada tres o cuatro días- un removido en
el sentido de las agujas del reloj y en el inverso de forma
alterna, a la vez que van inclinando su posición. Durante
este periodo las heces se adhieren al tapón, esperando con
impaciencia salir de la botella.
   
El vino inicial, que se
obtiene tras la primera fermentación, se ha transformado ya
en un elegante cava. Tan sólo resta extraer los posos depositados
en el tapón. Esta operación se puede realizar de dos maneras:
el 'método a bolea', para botellas superiores al magnum cerradas
directamente con tapón de corcho (y no con tapón corona).
El segundo sistema, el más usual, es el método tradicional.
Éste consiste en congelar parte de la punta de la botella
para así extraer fácilmente el tapón provisional y las lías
allí decantadas. Esta operación recibe el nombre de degüelle.
Pero junto con el tapón corona y los posos también se ha producido
cierta pérdida de líquido. Esta minoración se cubre añadiendo
el llamado 'licor de expedición' que, similar al 'licor de
tirage', es un jarabe compuesto de vino y/o licor y/o azúcar.
En función de la cantidad de azúcar que se añada al cava se
establece la clasificación ulterior de los vinos, en la que
se distingue: 'brut nature' (menos de 3 g/l); 'extra brut'
(menos de 6 g/l); 'brut' (menos de 15 g/l); 'extra seco' (entre
12 y 20 g/l); 'seco' (entre 17 y 35 g/l); 'semi-seco' (entre
33 y 50 g/l) y 'dulce' (con más de 50 g/l). Ya el tapón de
corcho, tipo roseta y con anclajes, encierra definitivamente
el cava en la botella (donde armoniza con el licor de expedición
durante unos 15 días) que sueña ya con exclusivos paladares
que descubran todas sus virtudes.

Recomendamos vivamente
los cavas más secos y con cuerpo, por ser éstas características
principales de los mejores vinos de base. Su consumo como
aperitivo y durante toda la comida es altamente aconsejado,
pudiendo llegar a ser el complemento ideal incluso de algunos
guisados y carnes. Para los postres dejaríamos cualquiera
de los grandes vinos dulces de este mundo, desechando ese
binomio tan extendido cava-postre. Que disfruten ustedes de
unas buenas burbujas estas Navidades, aunque no deben olvidar
que el cava puede alegrar los corazones durante todo el año
y en cualquier ocasión. ¡Felicidades, de parte de todo el
equipo que forma Reserva y Cata!.

'El Cava y el método -Champenoise-. ¡Felicidades!'
Por Ernesto de Serdio, Andrés Vegas.
DICIEMBRE DE 2000.
|